La vida es juego, y los juegos, juegos son

L@s que ya me acompañan durante los más de 2 años que este blog lleva abierto, saben bien sobre lo que suelo hablar.

Así que quizá (y solo quizá) a algunas personas les sorprenda lo que voy a escribir hoy. Aviso, no aporta absolutamente nada (si es que alguna vez se aporta algo desde aquí) al mundo de las experiencias/proyectos basadas en juegos, pero sinceramente, no me sale demasiado hacer un análisis de un juego en concreto o teorizar sobre un tema determinado ahora mismo.

Así que si buscáis algún marco teórico o aporte vinculado con ese marco de referencia… no sigáis leyendo.

La próxima semana seguiré con mis teorías y mis análisis, pero esta toca esta breve reflexión.

Creo que los juegos son un exponente maravilloso (entre otros muchos, claro está) de lo que podría ser nuestra sociedad.

¿Por qué digo esto?

Porque jugar, es aceptar

Jugar es aceptar las reglas del juego, porque sin ellas, no hay diversión. Saltarse las reglas es posible, pero siempre repercutirá directamente en el resto de jugadores y al final, se acabará el disfrute. Un juego sin reglas, no es divertido (unas reglas IGUALES para tod@s). Y al final… tod@s nos daremos cuenta de ello (y por suerte… más pronto que tarde).

Jugar es aceptar a las personas que tienes al lado, da igual el color, sexo, complexión, ideología, creencia o procedencia… Son únicamente un grupo de personas con ganas de pasar un rato divertido, agradable y lleno de recuerdos. No existen rencillas, jerarquías ni estereotipos predefinidos. Jugamos de igual a igual, con las mismas posibilidades, elementos, mecánicas y materiales que los juegos nos ofrecen. Nadie está por encima de nadie.

Si quieres jugar, debes aceptar todo lo que el juego ofrece, es así y así lo aprendemos cuando somos pequeñ@s (si jugamos lo suficiente).

Porque jugar, es respetar

Jugar es respetar a nuestro adversario o compañero. Si competimos, valoramos el esfuerzo de nuestro contrincante y aceptamos cuando es mejor que nosotros. Además, nos enseña a ser humildes en la victoria y también aprendemos a frustarnos adecuadamente (o así debería ser).

Si cooperamos, nos enseña a escuchar las opiniones del resto, y sobre todo (y si lo practicamos desde pequeñit@s asiduamente), incluso nos enseña a respetarlas.

Porque jugar, es voluntariedad

Porque no se puede obligar a nadie a jugar. Porque como bien dicen muchas personas (y cada día más), existen verbos como amar, leer o jugar, que no conjugan nada bien en imperativo.

Y porque si una persona no quiere jugar, no juega. Porque NO es NO.

Porque jugar, es empatizar

Jugar es conocer a personas nuevas. Diferentes puntos de vista. Y jugar, es poder llegar a reflexionar sobre nuestras estrategias y opiniones (e incluso, poder llegar a aceptar que no eran las más oportunas).

Jugar es romper un poquito nuestra zona de confort, acercarnos a otr@s, impulsarnos a tratar con ell@s… porque jugando, se conoce mucho más a una persona de lo que tod@s imaginamos.

Y además, jugar es tener que resolver conflictos de una forma civilizada y respetuosa.

Porque jugar, es imaginar

Jugar es dejar volar nuestra imaginación a un lugar fantástico o real. Nos permite poder probar las consecuencias de nuestras decisiones dentro de una zona controlada y donde no existen consecuencias “en el mundo real” (por aquello del círculo mágico).

Además, jugar también nos permite conocer civilizaciones legendarias, ecosistemas fantásticos y demás zonas de las que aprender valores y cultura. Y es que hay veces que jugando (al igual que leyendo), podemos viajar mucho más lejos de lo que imaginamos (y viajar, es una de las mejoras formas de abrir nuestra mente).

Porque jugar, es adaptación

Los juegos no son alto estático. A veces entendemos que hay que adaptarlos. Porque las reglas, aunque importantes y necesarias, no son rígidas. Permiten evolucionar al entorno en el que nos encontramos y a los usuarios que las disfrutan.

Y cuando una regla no es válida para un grupo, pues se modifica y se genera una “versión mejorada/adaptada”. Porque al fin y al cabo, estamos hablando de un juego, y los juegos deben existir para que sean disfrutados, divertidos y por qué no decirlo, justos y si una regla nos lo impide… ¿por qué no cambiarla?.

Y todo lo que pasa en el juego, se queda en el juego. Pero también existen otras cosas que nos llevamos. Los errores, los fallos… (que al final… es de lo que más se aprende) “te los guardas en la mochila” y así podrás aprender en tu día a día que eso que hiciste en un “entorno seguro” no es la mejor opción en la vida real.

Ojalá jugásemos más, desde pequeñitos hasta que seamos mayores.

Creo que así, se construiría una sociedad mejor.

Porque jugar, es parte de la vida. Y los juegos, juegos son. Así que cualquier parecido con la realidad, puede ser una pura coincidencia… o no.

Porque igual que hacer deporte un ratito al día es bueno para la salud… jugar otro ratito todos los días… también es bueno para nuestro sentido común, conciencia e incluso, para el alma.

Nos vemos la próxima semana, como siempre.

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