¿Jugamos?

Todos tenemos asociado el concepto de juego, con diversión, ocio o recreo, además de estar vinculado a un concepto de bienestar. Juego para disfrutar y pasármelo bien, sin ninguna otra pretensión.

Si recordamos nuestra niñez, podemos vernos en muchos momentos de ella jugando. Siendo profesores, médicos, caballeros, princesas o grandes reyes. Adquiríamos roles y aprendíamos a relacionarnos con nuestro entorno.

Porque el juego, forma parte del ser humano y como tal, es una de las características que nos definen como personas. Y la realidad es que jugar, es mucho más que todo esto.

Es muy útil para descubrir, crear e imaginar. Potencia nuestra creatividad y nos acerca a conceptos nunca antes vistos.

Trabajamos nuestras capacidades de comunicación, y nos obliga a relacionarnos y a interactuar con otras personas, creando vínculos emocionales.

Nos enfrenta con las temidas reglas, obligándonos a interpretarlas, comprenderlas y aplicarlas  de una manera coherente, incentivando nuestra capacidad de concentración y atención.

El juego, nos reafirma como individuos, desarrollando nuestra confianza y autoestima.

Pero muchas veces y con la edad, la asociación de juego con ocio, nos hace olvidar que jugar no sólo es jugar, sino que es mucho más, y puede dotarnos de un amplio abanico de posibilidades para alcanzar nuestras metas y objetivos.

Porque para jugar de una manera eficiente y eficaz, primero hay que entender las reglas del juego, el leguaje del juego, o los intereses de los jugadores. Conociendo esto, estaremos en un buen punto de partida para jugar, y desde aquí, extraer un objetivo, crear una historia, definir unos mecanismos y unas reglas, dotando así de un sentido completo a la experiencia, que nos haga avanzar.

Entonces, ¿jugamos?

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