Juegos de roles ocultos: Aprendiendo, identificando e imitando

Objetivos claros, deducción, competitividad, pero sobre todo, mucha interacción entre los jugadores. Estos son algunos de los pilares sobre los que se sostienen los juegos de roles ocultos, una tipología muy definida con unas mecánicas relativamente sencillas y muy populares, que facilitan enormemente el onboarding (primera toma de contacto) de los usuarios al sistema de juego.

En este tipo de juegos, todo el peso de la acción se vuelca en la discusión, análisis y deducción de los patrones de conducta del resto de personas para intentar adivinar quién es quién. Los participantes tienen una serie de roles preestablecidos y asignados (por azar), siendo una parte primordial intentar adivinar cuales son los roles de los demás jugadores en base a sus acciones.

Cada personaje (o rol) existente tiene una serie de características que lo hacen especial y diferente al resto. Y sus comportamientos pueden incidir directamente en algún punto en concreto de la partida o en la acción de otro jugador.

En algunos de estos juegos hay dos bandos, en otros, puede llegar a haber muchos más (sobre todo gracias a las expansiones), dotando de mayor profundidad a la experiencia y sobre todo, pudiendo crear escenarios con una serie de perfiles definidos para inclinar las partidas hacia un objetivo u otro.

Resumiendo mucho, la parte más reseñable de esta tipología de juegos radica en:

  • Aprendizaje de los patrones de conducta de los diferentes roles.

  • Asimilación de dichos roles e imitación.

  • Identificación de comportamientos de patrones de conducta en otras personas.

  • Y por supuesto, alcanzar los objetivos marcados.

En definitiva, se trata de averiguar que rol asignado tiene cada jugador y poder alcanzar el objetivo vinculado a nuestro personaje. Muy sencillo, muy efectivo y muy divertido.

¿Ejemplos?, pues varios y la mayor parte de ellos con un denominador común: La agilidad de las partidas, siempre y cuando no pretendamos profundizar mucho y buscar algo “más duro” con mayor carga estratégica y relacional (véase Dead of Winter o Galáctica).

Dentro de este amplio grupo de juegos, podríamos destacar a Saboteur, Hombres lobo de Castronegro, Ciudadelas, Bang o La Resistencia entre otros (hay muchos más y muy variados).

Una característica que me gusta especialmente de los juegos de mesa, es que cambiando temáticas, reglas de juego y mecánicas, podemos darles un lavado de cara muy curioso y agradable para adaptarlo así a nuestras necesidades.

Y esto a nivel formativo es muy interesante, sobre todo cuando queremos alinear los objetivos de cualquier formación con el juego en sí.

Empezando por las temáticas, no debemos olvidar que la personalización en este tipo de juegos basa sus características en estereotipos muy definidos:

  • El policía debe atrapar al ladrón.
  • El ladrón puede matar a personas.
  • El hombre lobo puede comerse a aldeanos.
  • El cazador debe acabar con la vida del hombre lobo.
  • El enano debe construir túneles.
  • El saboteador debe destruir los túneles.

Con lo cual es relativamente sencillo alinear estas temáticas con los objetivos que queramos enseñar mediante el uso de comportamientos prediseñados, con varias preguntas de control:

  • ¿Qué es lo que quiero enseñar?
  • ¿Hay comportamientos ya preestablecidos que me puedan servir de guía?
  • ¿Puedo tangibilizar esos comportamientos con “nombre y apellidos»?
  • ¿Puedo hacer que los usuarios imiten esos comportamientos y los asimilen?

Y con todJuego-de-roles-ocultos-game-based-learningo esto, estaremos en disposición de generar un workshop muy agradable y participativo donde enfocaremos los roles de los participantes hacia los objetivos que queramos marcar. De este modo, crearemos talleres de desarrollo de competencias y asimilación de comportamientos, basados en patrones de conducta accesibles para todos los usuarios.

Además, y como plus, podremos crear escenarios (imitando los bandos de los juegos de mesa clásicos), donde trabajemos emociones como la frustración, el desengaño, la ira o el miedo.

Porque jugando con roles ocultos, concienciamos, profundizamos, acercamos, empatizamos, y sobre todo mostramos que hay un mundo enorme fuera de los convencionalismos, donde mediante una participación e interacción activa, el aprendizaje sea algo que perdure en el tiempo, que al final es de lo que se trata.

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