Cuatro juegos para romper el hielo (y trabajar competencias).

Quizá uno de los primeros inconvenientes que nos podemos encontrar cuando nos enfrentamos a una formación, dinámica de equipos o trabajo grupal, son los fríos cubículos que rodean a cada uno de los participantes. Vergüenza, apatía, pasividad, miedo, duda o nerviosismo, posiblemente sean algunos de los sentimientos que experimenten las personas al principio de cualquier experiencia «en vivo y en directo«, y sus consecuencias son realmente devastadoras para la moral del grupo (y del dinamizador):

  1. «Caras largas«
  2. «Mutismo pasajero«
  3. «Mirada perdida«
  4. «Resoplidos de aburrimiento«

Romper el hielo lo antes posible de una manera cercana y dinámica, es el mayor reto para conseguir una experiencia positiva y motivadora.

Porque no olvidemos que la comunicación entre los integrantes de una dinámica o proceso es FUNDAMENTAL para un desarrollo óptimo de la misma. Pero no hay que preocuparse, porque tenemos a la diversión de nuestro lado, y es que nada rompe el hielo mejor que una buena sonrisa.

Y aunque siempre podemos apoyarnos en diversas preguntas para intentar reducir la «tensión ambiental» entre los participantes, en esta entrada vamos a hablar de una forma diferente de hacerlo: Jugando de una manera rápida, efectiva y totalmente adaptativa a cada una de las fases del proceso.

Resultado de imagen de Storycubes

Puede ser que una de las acciones más repetidas dentro de muchas formaciones sea la presentación. Una necesidad generada por parte del dinamizador con dos objetivos:

  1. Impulsar a cada uno de los usuarios a hablar en público, intentando fomentar un ambiente distendido y participativo.
  2. Dar a conocer a cada integrante del grupo al resto de personas. De dónde viene, cuál es su experiencia o sus funciones actuales, son datos recurrentes para poner en contexto a todo el grupo sobre quiénes son sus compañeros y qué puede aportar cada uno.

Pues bien, imaginemos que desde el inicio, usáramos los mundialmente conocidos StoryCubes para realizar esta presentación a través de una historia (NUESTRA historia), y además, hiciéramos una programación de acciones y un ránking sobre quién ha usado más dados para conseguir contar su experiencia y la calidad de la misma.asd

  1. Cada miembro del grupo tendría sus dados con un cubilete, y TODOS los tirarían a la vez, dejándolos tapados por el cubilete (así evitaremos el exceso de atención sobre cualquier persona).
  2. A la cuenta de tres, y durante 1 minuto cronometrado (o el tiempo que estimemos), permitiremos que todos los participantes al mismo tiempo elaboren su historia, empleando todos los cubos que puedan.
  3. Y por último, cada participante iría contando su historia (procedencia, experiencia, funciones…), con los dados que haya tenido la capacidad de emplear.
  4. Finalmente haríamos una pequeña clasificación de todas las exposiciones según la calidad y el número de dados empleados.

De este modo, tendríamos una experiencia basada en juegos para romper el hielo y una breve clasificación para promover la participación activa entre los usuarios (otorgar puntos por calidad).

Y una vez presentados todos…. llegan unas incógnitas importantes: ¿Qué espera y cómo se siente cada una de las personas durante el proceso?….

Resultado de imagen de ikonikus

Quizá uno de los secretos mejor guardados por los participantes de una experiencia, son tanto sus sentimientos iniciales como su feedback intermedio y final. En diversas ocasiones se pregunta de una forma genérica qué es lo que espera una persona de la situación que va a vivir. Al final, simplemente se trata de crear una retroalimentación entre el dinamizador y las personas que participan en la experiencia con el objetivo básico de saber si realmente se cumplen las expectativas que tenían puestas (o si realmente existía una expectativa concreta).

Y como una imagen, vale mucho más que mil palabras, las cartas de Ikonikus nos podrán ayudar a conocer de un modo ágil y claro las emociones y sentimientos que va despertando, desarrollando y transformando nuestra experiencia en los participantes.

  1. Al principio de la experiencia (taller, formación, trabajo grupal…), se repartirán grupos de cartas a cada persona (10, 15, 20… en función del número de participantes) y estos deberán emplearlas durante ciertas partes previamente programadas.
  2. Antes de comenzar, se utilizará la carta con el diseño que más se adapte a nuestras expectativas iniciales, y cada usuario tendrá que explicar el porqué ha decidido usar ese icono en concreto.
  3. Previo al primer descanso (en el caso de que lo hubiese), se realizará el mismo proceso, pero en este caso, el usuario no tendrá que explicarlo, sino que el resto del grupo deberá debatir qué es lo que quiere decir la carta que presenta.
  4. Y así, iremos poco a poco construyendo una línea de emociones basadas en imágenes de cada persona que ha pasado por el proyecto, consiguiendo generar un feedback constante y elaborado a lo largo de todo el proceso.

ikonikus

Y aunque en muchos momentos logremos «calentar el ambiente» y conseguir crear una experiencia totalmente inmersiva, hay ocasiones (los temidos descansos o la archienemiga «la comida») que consiguen echar por tierra todo nuestro trabajo previo, volviendo a enfriar el ambiente y sumiendo a todos los asistentes en un estado de letargo transitorio.

Resultado de imagen de Una noche, el hombre lobo

Por esto, es realmente importante volver a crear una dinámica de interacción entre los jugadores. Y en este momento es cuando apuesto por un juego de roles ocultos que para mí, funciona a las mil maravillas para generar debate y discusión: Una noche, el hombre lobo.

Es extremadamente sencillo (tiene muy poca explicación, ya que con la APP se guía todo el proceso), muy rápido, no hay eliminaciones y existe la posibilidad de incluir al dinamizador dentro del grupo para terminar de romper barreras que puedan existir.

La mayor «gracia» de emplear este tipo de juegos (roles ocultos), es la participación activa y el debate que generan entre los usuarios. En este caso, que ganen los aldeanos y los hombres lobo es más o menos indiferente (más allá del tipo de jugador y de la diversión en sí del juego), pero el hecho de impulsar a cada participante a romper su pequeña burbuja de letargo es un don muy preciado para volver a generar una dinámica activa e inmersiva.

Y para ir terminando, vamos a hablar de un juego donde podremos desarrollar la capacidad de  negociación de los usuarios que están disfrutando de la experiencia.

Dolores es una evolución del «piedra, papel y tijeras» de toda la vida al nuevo «paz, combate, primera elección«, combinado con «el dilema del prisionero«. Todo esto, ambientado en un mundo de saqueadores que buscan quedarse con el mejor tesoro del fondo del mar.

Más allá de las reglas, la mejor virtud que puede aportar para dinamizar y reactivar una sesión es la capacidad que tiene (eso sí, en grupos de 4 personas, harán falta varios ejemplares si el grupo es numeroso) para poner a los usuarios a debatir y a negociar entre sí. ¿Conviene llegar a un pacto entre caballeros?, ¿cumpliremos nuestra palabra?, ¿existirá algún evento que desmantele nuestros planes?.

Además, también podremos crear competiciones, en primer lugar individuales, para posteriormente, hacerlas grupales:

  1. Si por ejemplo, hay 4 grupos de 4 personas, y en un primer instante decimos: «recordar que lo importante es el trabajo en equipo» (dato curioso en un juego competitivo).
  2. Posteriormente desarrollamos una partida para conocer a los ganadores de cada grupo, que pueden recibir un pequeño premio (relacionado con el proceso y no estrictamente material).
  3. Y por último, añadimos que también habrá un grupo ganador, que será el que más puntos haya conseguido con la suma de todos sus integrantes durante la partida, y este equipo de 4 personas se quedará con los premios de los equipos restantes (3 + el que ya lo había recibido).

Podremos reconvertir una experiencia competitiva en una semicooperativa donde aprenderemos aquello de «si avanzas sólo, irás más rápido, pero si lo haces en grupo, llegarás más lejos«.

Porque jugando, de una manera responsable y con unos objetivos claros, también tendremos la opción de focalizar la atención de un grupo de personas hacia un punto determinado, rompiendo las barreras que nos impidan desarrollar su motivación.

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