El largo camino de la maestría

El verano tiene este tipo de cosas. Conversaciones sin muchas pretensiones que acaban en temas la mar de interesantes (las mejores charlas entre amigos, son estas).

El otro día, taza de té fresquito mediante, tuvimos una conversación que me gustó mucho y que, además, me da para escribir el artículo que hoy os presento (dos pájaros de un tiro).

El tema fué simple: ¿dedicamos ahora (en la época actual) el suficiente tiempo para perfeccionar nuestro conocimiento de un juego para alcanzar la maestría?.

Todo surgió contando batallitas de cuando éramos pequeños. “Cuál fué tu primer juego de mesa”, “cuál fué la partida más legendaria jamás jugada”, “cuánto dinero te dejaste en las Magic”, “como empezaste en el rol…” y nos dimos cuenta de una cosa curiosa:

Ninguno de los que allí estábamos, jugamos a una cantidad exagerada de juegos diferentes. Casi todos, aprendimos de nuestros hermanos mayores, y éstos, tenían (como era mi caso) un par (o tres) de juegos de rol y luego llegaron poco a poco los juegos de mesa.

Eso sí, los teníamos “fundidos”. Y con la palabra “fundido”, quiero decir expresamente, que nos sabíamos las reglas, el trasfondo, todos los recovecos, etc… de memoria. Y esto nos daba la posibilidad de explotar todo el potencial del juego. Lo que viene siendo, desarrollar la maestría dentro del juego, con todo lo que ello conlleva:

  1. Estrategias
  2. Tácticas
  3. Adaptaciones y modificaciones

Y una vez alcanzado este punto tanto interesante (o no… que yo también a veces me pongo de un intenso “que pa qué”) les hablé sobre esto:

Y les hice algunas preguntas (porque yo soy mucho de hacer preguntas):

  1. ¿Cuántos juegos nuevos probamos en la época actual?
  2. ¿En cuántos llegamos a tener un nivel de maestría elevado?.
  3. ¿Es posible que ahora mismo estemos probando tal cantidad de juegos que nos quedemos únicamente en la zona de “está gracioso” o “me gusta porque es bonito” (totalmente lícito y levanto la mano aquí), llegando como mucho… a la zona de interacción?
  4. ¿Se ha perdido esa pasión añeja de “destruir” un juego hasta conocer el más mínimo rincón de sus reglas y estrategias?
  5. ¿Debido a la infoxicación, no “renta” prestar mucha atención a un juego durante un buen rato?

También hablamos de varios tipos de formatos actuales, como los LCG (con el Arkham Horror a la cabeza) o los siempre referentes Blood Bowl o diferentes juegos de especialista, donde sí es posible que se vea esas ganas por completar, progresar, explorar y dominar un juego.

O quizá, uno de los “géneros” que más me enamora dentro de los juegos de mesa (conjuntamente con los juegos de rol): los abstractos. Suficientemente sencillos como para que no cueste demasiado trabajo aprender a jugarlos y suficientemente profundos, como para que dominar sus diferentes estrategias se convierta en una carrera de fondo.

Con el ajedrez a la cabeza, quizá, el rey de los juegos abstractos (por historia y por popularidad). Grandísimo juego donde los haya, ha conseguido traspasar la “barrera” de juego para posicionarse como un deporte, donde el músculo que trabaja el ingenio, el análisis, la planificación o la toma de decisiones ha sido aceptado por el Comité Olímpico Internacional.

Además, el ajedrez como tal, ha sido y es utilizado como una herramienta complementaria en muchos centros (de forma extraescolar o de manera lectiva) para potenciar y trabajar ciertas características concretas (asignaturas concretas como matemáticas o educación en valores, muy relacionada con el deporte), además, por supuesto, de pasar un buen rato divirtiéndose.

Yo (y esto es opinión personal al 500%) apuesto a que una de sus grandes bazas es la consecución de la maestría que lleva consigo. Jugar, mejorar, adaptarse, ver posibilidades, perder, ganar, jugar, mejorar, adaptarse, ver posibilidades, perder, ganar… (y otra vez a empezar).

Y ahora viene la parte de relacionar todo lo anterior con los proyectos que desarrollo/desarrollamos.

Toda esta reflexión, me sirve para preguntarme si, en muchas ocasiones no damos el suficiente tiempo para que los usuarios se adapten y profundicen en los proyectos que desarrollamos. Que como diseñadoras y diseñadores, igual tenemos la necesidad imperiosa de cambiar nuestro diseño cada X tiempo (igual más pensando en nosotros, que en ellos).

Que nos cuesta dotar de la suficiente profundidad y recovecos a nuestros diseños, para que los usuarios consigan alcanzar un nivel de maestría dentro de los mismos.

O yo que sé. Igual es que es verano y ahora tengo más tiempo para charlar con amig@s sobre “pajas mentales” que se me ocurren con asiduidad.

PD: Como dato cuirioso.. estaba buscando una imagen en este post en Pixabay… y al poner la palabra “Maestro” lo primero que me han salido han sido dos imágenes del ajedrez.

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2 comentarios

  1. Hola Pepe,

    Interesante artículo. Sin duda podemos tener experiencias más superficiales en muchos ámbitos de la vida, lo que nos lleva a perder los detalles finos de casi cualquier actividad.

    Yo estoy incursionando recientemente en el mundo de los juegos y me parece algo de lo más interesante y con enorme potencial. Al leer la parte donde hablas de los juegos abstractos como el ajedrez me interesa saber si puedes recomendar otros juegos de ese tipo.

    Viendo algunos videos de juegos encontré uno llamado “Hive” y me gustaría conocer otros así. Simples y profundos. Desde ahora agradezco tus comentarios.

  2. P

    Hola Francisco!
    El hive es un imprescindible, pero en lo referente a juegos abstractos, he de admintir que personalmente, soy muy fan.
    No puedo más que recomendarte (para que los vayas descubriendo y saboreando):
    – Tak: A beautiful Game
    – Santorini
    – Qwirkle
    – Azul
    – Onitama
    – Tsuro
    – Taluva
    – Yinsh
    – Abalone
    – Samurai

    Como ves… hay mucha variedad (y los que me dejo fuera). Cualquiera de estos, es más que recomendable 🙂
    Un Saludo!

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