Para empezar a jugar: mejor algo pequeñito

La semana pasada tuve la gran suerte y honor de estar acompañado por Isidro Rodrigo. Si por alguna casualidad de la vida, no habéis podido leer su entrada (y ver su vídeo), antes de continuar leyendo, es recomendable hacerlo (digo recomendable cuando he de decir, que si tenéis interés por conocer un poco más de cerca qué es esto de la “Gamificación”, es imprescindible seguir a Isidro).

Pues bien, en el video que incluía su artículo, uno de los oyentes a su ponencia dentro del GW14 le hacía una pregunta muy interesante (minuto 21:25). Resumiendo mucho su cuestión, se basaba en el escepticismo que presentan muchas personas (directivos de RRHH en este caso concreto, pero se podría ampliar a cualquier mando directivo de cualquier área) a la hora de acoger e introducir procesos de juego en sus empresas, colegios o diferentes entidades.

E Isidro le contestaba algo en lo que no sólo estoy de acuerdo, sino que apoyo totalmente.

La mejor manera de aceptar algo, es probándolo de primera mano y comprobando si funciona y sobre todo, si puede venirnos bien para los objetivos que tenemos que alcanzar. La famosa palabra “piloto”, hace referencia en muchos ámbitos al entorno que usamos de prueba cuando tenemos una idea que creemos estupenda pero que antes de lanzarla a los cuatro vientos, pretendemos probar en algún lugar controlado (por aquello de las catástrofes bajo control). En los juegos se le llama testear. De este modo conseguimos observar sus fallos, sus mejoras y sobre todo, causar ese efecto llamada ( “si a esta persona le ha ido bien, yo también lo quiero probar” ).

Y lo mejor para incluir procesos novedosos (en este caso, basados en juegos) es hacerlo “en pequeñito”. Isidro pone el ejemplo de tener 4 o 5 “ases en la manga” que nos permitan demostrar de una forma rápida que esto de los juegos aplicados en diferentes ámbitos sirve para algo.

Pero no me gustaría quedarme únicamente ahí, yo añado: si algún entorno de trabajo (empresa, escuela, asociación….) NUNCA (en negrita y mayúsculas) ha probado esto, lo mejor para intentar no caer en errores graves que conduzcan al rechazo total es empezar por cosas pequeñitas y poco a poco ir creciendo y realizando proyectos de más envergadura.

Pero… ¿por qué digo esto?

  1. Hay personas que no están acostumbradas a jugar. Y con esto no quiero decir que existan personas que no les guste jugar (que las hay, no muchas, pero existen), sino que cuando introduces un proceso de juego (interpretado a partes iguales como interacción, novedad o sorpresa, entre otras muchas sensaciones) a muchos usuarios les puede costar arrancar y meterse dentro del entorno de juego (ambientación y dinámicas). Y cuanto más complejo, enrevesado y arduo, más fácil es que caigan en la frustración o el aburrimiento que les haga abandonar (¿os acordáis del Flow?). Siempre que hablo de este tipo de acercamientos (“onboarding”), lo comparo con correr: hacer un maratón es un hito que muchas personas recomiendan porque es la lucha entre la mente y el tiempo, entre el cuerpo y el espíritu…. Pero por favor, que a nadie se le ocurra hacer una sin haber entrenado antes 5km, 10km, 15km, 21km….. porque probablemente se quede por el camino. Pues con los procesos de este tipo puede llegar a pasar algo similar.
  2. Las expectativas son estupendas. Pero cuando no se cumplen son nefastas. El problema de los elefantes y las cacharrerías es el ruido, estruendo y el destrozo que hacen. Pues aquí pasa lo mismo. Cuando muchos hemos querido (ojo, me incluyo por aquello del aprendizaje por ensayo y error) hablar de los procesos basados en juego o de la “gamificación” como la solución global o llegamos a un lugar con la “mayor experiencia jamás implantada” causamos una serie de expectativas con las que hay que tener cuidado y controlar. Y más si no hemos realizado pruebas de rigor en ese entorno (y con los usuarios con los que nos vamos a encontrar). Por esto es por lo que siempre digo que puede existir una experiencia muy válida para un área en concreto, pero que a la hora de implantarla en otra diferente, puede convertirse en un autentico desastre. Porque no existen dos organizaciones iguales, ni dos grupos de personas idénticas, es complicado encontrar soluciones globales para el 100% de los casos.

Por todo esto, apoyo más que nunca esos pequeños «ases en la manga» de los que habla Isidro. Esos pequeños proyectos que hacen que las personas puedan ver de primera mano la utilidad que pueden ofrecernos los procesos de juego. No es lo que nos aporta (o beneficia) el hecho de jugar (el placer de jugar), es lo que las personas somos capaces de aprender mediante el juego (alineando las mecánicas de juego con nuestros objetivos para crear nuevas experiencias).

Así que si en algún momento alguna persona decide comenzar a acercarse a estos procesos, mejor algo pequeñito para ir abriendo boca, para después pasar a algo más grande. Como dirían los más futboleros, “corta y al pié”, controlando los tiempos y sobre todo, la experiencia.

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